jueves, 18 de febrero de 2010

Reflexiones sobre la Cuaresma

CUARESMA
Por Rita Moran

¿Que es la Cuaresma? ¿Como debemos los cristianos prepararnos a la gran fiesta de la Pascua? ¿Que hacer en la Cuaresma?
Es el tiempo de cambiar algo de nosotros para ser mejores y poder vivir más cerca de Cristo, viviendo una serie de actitudes cristianas que nos hagan semejantes a Jesús.
Es el tiempo del perdón y de la reconciliación fraterna, arrojando de nuestros corazones el odio, el rencor, la envidia y los celos que se oponen a nuestro amor a Dios y a los hermanos.
Es el tiempo de prepararnos para la celebración de la muerte y Resurrección de Cristo, siendo el objetivo la purificación de nuestras mentes y corazones para poder hacer la voluntad de Dios.
Es el tiempo de volver la mirada al Señor dejándonos mirar por Él, de mirar a cada hermano como somos mirados por Dios.

Es el tiempo de consolidar la fe y la vida cristiana, de darle impulso, renovando nuestro compromiso bautismal.

La duración de la Cuaresma es de cuarenta días. La Cuaresma no tiene un fin en sí mismo, sino que es una dinámica de preparación y de avance hacia la Pascua. Recordemos que la Pascua es el eje central de todo el año litúrgico y de toda la vida cristiana. La experiencia cuaresmal nos permite hacer un balance de nuestras vidas, logrando una transformación absoluta de nuestro ser. A partir del miércoles de ceniza, la mayoría de las veces, se entiende que la Cuaresma debe vivirse en forma melancólica, sintiendo dolor y tristeza. Esta actitud pesimista debe ser rechazada ya que las prácticas cuaresmales hay que vivirlas con alegría. Cristo murió por nosotros, y murió para darnos vida y la vida hay que celebrarla. Ese Jesús que murió el viernes Santo; resucitó el domingo. De ahí que la alegría de la resurrección tiene que estar presente. Jesucristo resucitó porque dándolo todo, la muerte ya no puede quitarle nada. Nuestra fe tiene que ser adulta, instruida y vivida intensamente.



Este es el gran reto que nos plantea la fe, dar testimonio de la Cruz y la Resurrección.

Hay tres gestos que reflejan como Dios acompaña nuestra vida en este tiempo; la Oración, el Ayuno y la Limosna.
Oración: Cada mañana Dios abre a nuestros ojos todo un mundo de amor y esperanza, su palabra diaria, es la voz que nos guía en nuestro camino, transformando nuestras debilidades. En esta cuaresma la oración será la luz que necesitan nuestros rincones oscuros y el bálsamo para cicatrizar nuestras heridas. Es el espacio de silencio ante Dios, momento para hacer presente al Señor.

Ayuno: El valor más importante no es el tener, sino el caminar, el amor y el ser persona. Nuestra conciencia está adormecida, necesita de la experiencia del ayuno para poder purificar nuestra humanidad. Además, de privarnos de las cosas mundanas, sería bueno que hagamos durante algún momento en estos cuarenta días un gesto solidario con nuestros hermanos desconsolados y desprotegidos, ofreciéndoles nuestro tiempo y nuestro amor.
La limosna: Está totalmente ligada al ayuno, se trata de compartir la misma limosna, es decir que debemos ser nosotros mismos esa limosna: nuestra fe, nuestra esperanza y nuestra caridad. A través de estas virtudes limosneras, debemos dar testimonio ante los hermanos y la sociedad, de que Dios nos mira a los ojos, nos sostiene en sus brazos y nos regala su compañía.


Cada uno encontrará su desierto y su ayuno. Nada se detiene en la Cuaresma; ni la vida familiar, ni el trabajo, ni las preocupaciones. Es importante que nuestro desierto y nuestro ayuno nos permita ver dentro de nosotros mismos y darnos ese combate espiritual que nos acerque al llamado de Dios.


Oración
Padre nuestro, que estás en el Cielo
Durante esta época de arrepentimiento,
Ten misericordia de nosotros.
Con nuestra oración, nuestro ayuno
y nuestras buenas obras, transforma nuestro
Egoísmo en generosidad
Abre nuestros corazones a tu Palabra,
sana nuestras heridas del pecado,
ayúdanos a hacer el bien en este mundo
Que transformemos la oscuridad y el dolor
En vida y alegría
Concédenos estas cosas por Nuestro Señor Jesucristo.
Amén


¿Qué es la Cuaresma?

El tiempo de Cuaresma se inicia el Miércoles de Ceniza y se prolonga durante los cuarenta días previos a la fiesta de Pascua hasta el Jueves Santo, excluyendo la Misa de la Cena del Señor.


• Cuarenta años esperó Israel en el desierto para poder entrar en la tierra prometida.
• Cuarenta días aguardó Moisés la manifestación de Dios en el Monte Sinaí.
• Cuarenta días ayunó Jesucristo en el desierto aguardando la fortaleza del Espíritu para cumplir su difícil misión.

La Cuaresma es un propicio para que los cristianos renovemos nuestro espíritu de adhesión a Jesucristo muerto y resucitado y nos guiemos por el camino de una profunda y progresiva reflexión. Así, todos juntos hemos de prepararnos para la gran Celebración de la Pascua del Señor, liturgia central del año litúrgico.

¿Cómo vivir la Cuaresma?

Lo normal sería que todos los cristianos estuvieran interesados en participar activamente en su comunidad para vivir este tiempo con especial intensidad. Lamentablemente para muchos, especialmente para los más jóvenes, no pasa de ser un periodo más de la Iglesia en que los conceptos de penitencia, ayuno o austeridad, propios de la Cuaresma, no les dice casi nada.

El desafío para los pastores, equipos litúrgicos y catequistas se ve interesante, ya que hemos de esforzarnos para que los fieles conozcan la razón de ser de la cuaresma y puedan aprovechar este tiempo de salvación para vivir con alegría desbordante la fiesta de Pascua. En este sentido, es conveniente recordar a los cristianos, a quienes se esfuerzan por vivir con fe, que la cuaresma tiene especial importancia dentro del ciclo litúrgico ya que la festividad de Pascua, necesita una seria preparación para unirnos a la Resurrección de Cristo. *

El canto en Cuaresma
Es el gran tiempo penitencial de la Iglesia, los cuarenta días de conversión y purificación interior que nos preparan a la mayor fiesta cristiana del año, la Pascua.

Comienza el Miércoles de cenizas. Son días de escucha atenta de la Palabra de Dios que nos vuelve a llamar a un cambio de vida según el Evangelio de Jesús.

Desde el miércoles de cenizas hasta la vigilia pascual no cantamos el Aleluya, porque ese canto es la expresión del gozo de la resurrección; lo reservamos para la noche de Pascua. El Gloria tampoco se reza ni canta en todo ese tiempo, excepto en la misa del Jueves Santo. Pero la Cuaresma no es un tiempo triste, sino más bien un tiempo recogido, de meditación, que es el ambiente que nos permite estar atentos a la Palabra, reflexionar sobre nuestra vida y dar pasos de conversión. Los cantos de la eucaristía deberían favorecer la atmósfera de recogimiento y conversión personal y comunitaria que caracterizan este tiempo litúrgico. *

* Extractado del texto “Animación Litúrgica 2” de Eduardo Cáceres Contreras.